Ciclo Ditirámbico – 1998

Diego Alfonso Más tiene una edad que no llega al cuarto de siglo, y sin embargo su memoria carga con más de 2000 años de historia. Tal vez por lucidez o por tozudez intelectual no ha querido verse involucrado con una de las características más notables y terribles de nuestro siglo: la noción de progreso y la consecuente entronización de lo nuevo como valor en sí mismo.

Alfonso Más es tan ajeno a este espíritu de transitoriedad, como sin duda debe ser ajeno y enervante su ser y su obra para sus contempladores.

Su indiferencia al hoy lo mantiene anclado en un espacio mítico en el que hombres y dioses, en un tiempo eterno, teatralizan hazañas de amor y de muerte, que dibujan nuestra miserable y grandiosa humanidad.

Diego Alfonso Más transita por la tradición con la reverencia religiosa y la fe de un peregrino; su Biblia es la “Metamorfosis” de Ovidio, y su compañero de viaje más preciado, el veneciano Giovanni Bellini, entre otros gigantes sobre cuyos hombros ha edificado su discurso. No intenta nada más que eso; no es un conquistador de nuevos territorios. Es un monje en cuyo claustro se refugia para transcribir un decir y un hacer anterior a lo anterior.

A pesar de esta voluntad negadora de la novedad, no deja de ser paradojal que Alfonso Más se presente en el ámbito de la plástica como un “rara avis”, marcando una presencia pasiva a la manera de un individuo inmóvil y silencioso, en una habitación en la que todos gritaran y gesticularan para hacerse oír y ver.

Tal vez esta muestra despierte la ira del público, críticos y artistas vanguardistas, que es decir del arte oficial. Tal vez en este maremágnum de propuestas “novedosas”, la circularidad histórica torne transgresora y molesta a esta obra. Tanto da. Lo dicho, dicho está, como hecho, hecho está.

El taller se encuentra a oscuras. Sólo un foco anémico ilumina la obra. Sobre una silla, libros de anatomía, mitología, un Santoral; en el piso estudios, esquemas geométricos, Ovidio y Bellini; más allá, la penumbra habitada por música portuguesa del siglo XVI. Bajo el haz de luz Alfonso Más dibuja y pinta; afuera, en la calle, anochece tornando obsoleto algo concebido por la mañana.

Álvaro Amengual

Marzo de 1998

Coronación - Pastel tiza sobre papel, 100 cm x 100 cm - Revelación Artísitica Joven, VII Bienal de Salto, Artes Plásticas y Visuales. Salto, Uruguay. 1998 Tentaciones - Pastel tiza sobre papel, 50 cm X 100 cm Ménades con el Niño y Sátiros - Pastel tiza sobre papel, 60 cm x 100 cm - Seleccionado en el Premio Estímulo Banco de la Provincia de Buenos Aires. Argentina. 2000

Apoteosis - Pastel tiza sobre papel, 50 cm x 250 cm Apoteosis (detalle) - Pastel tiza sobre papel, 50 cm x 250 cm Apoteosis (detalle) - Pastel tiza sobre papel, 50 cm x 250 cm

Incredulidad - Pastel tiza sobre papel, 60 cm x 65 cm

Diego Alfonso Más has an age that doesn’t reach a quarter of a century, however his memory carries with more than 2000 years of history. Maybe by lucidity or intelectual stubborn disposition he avoided involving with one of the most notable and terrible characteristics of our century: the notion of progress and the resulting enthronement of the new as a value in itself.

Alfonso Más is so foreign to this spirit of transitoriness, as without doubt must his work be foreign and nerving to its beholders.

His indifference to the actual times keeps him anchored in a mythical space where men and gods, in eternal time, play feats of love and death, that draw our miserable and great humanity.

Diego Alfonso Más wanders by tradition with religious reverence and the faith of a pilgrim; his Bible is Ovidio’s “Metamorphosis”, and his most cherished travel partner, the venetian Giovanni Bellini, among other giants whom on top of their shoulders he has built his speech. He doesn’t try anything but that; he’s not a conqueror of new territories. It’s a monk refuged in his cloister to transcribe a saying and doing previous to the previous.

Even though this will to deny novelty, it’s still paradoxical that Diego Alfonso Más presents himself in the plastic arts as a “rara avis”, marking a passive presence in the fashion of a still and silent individual, in a room where everybody shouts and gestures in order to be seen and heard.

Maybe this show awakens anger in the viewer, critics and vanguard artists, wich is the saying of the official art. Maybe in this mare magnum of “novel” proposals, the historic circularity turns transgressive and annoying in this work. So be it. What’s said , it’s said, as done, is done.

The workshop is dim. Just an anemic lightbulb lits the canvas. On a chair, books of anatomy, mithology, a saint’s day book; on the floor studies, geometric schematics, Ovidio and Bellini; further apart, the soft shadow inhabited by XVIth century portuguese music. Under the light beam Alfonso Más draws and paints; outside, on the street, night comes turning obsolete something conceived in the morning.

Álvaro Amengual

March, 1998